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viernes, 14 de octubre de 2011

El dictador y sus becas (*)

Néstor Roque Solís
Conferencista y consultor en desarrollo económico
(*) Columna del Diario La Primera



No me puedo imaginar a un Presidente regional de cerca de un millón de habitantes, saliendo al extranjero para aprender asuntos técnicos de riego tecnificado. Eso está bien para el gerente o funcionario del área de agricultura. Un Presidente regional o nacional sale al extranjero para apalancar recursos, colocar proyectos, explorar mercados y colocar productos de su región. Un Presidente viaja al extranjero para realizar convenios y tratados de cooperación bilateral o multisectorial con empresas e instituciones públicas y privadas.

Siento vergüenza ajena que un Presidente regional digite desde el extranjero la promoción de sus alimentos, cocinas y sueños de medianoche con sus acompañantes becarios, eso está bien para los estudiantes de una promoción escolar. Esta pobreza política y de gobierno del cacique Javier Alvarado, no lo hace ninguna otra autoridad regional del país con tanta difusión mediática, menos un alcalde de distrito o provincia de la región Lima.

No son tiempos de gobernantes aprendices y populistas como Javier Alvarado, más bien son nuevos tiempos de gobernantes líderes en los territorios para realizar acuerdos, tratados, convenios de desarrollo en el país y en el extranjero. Comisionados al extranjero para presentar productos de la región y el país. Necesitamos en la región a verdaderos estrategas del comportamiento del mercado y vendedores de productos y servicios con la finalidad de ganar mercados y beneficiar a los empresarios y habitantes de la región. Ya no existen bandos ni limitaciones geográficas, físicas y políticas para que los gobernantes y funcionarios operen globalmente. Las regiones modernas y competitivas ven en la apertura y la inserción internacional una necesidad para su natural crecimiento y desarrollo. Han entendido que las buenas relaciones comerciales de interdependencia entre las naciones tienden a repartir beneficios y costos. 

La nueva diplomacia de un gobernante debe ser entendida como el instrumento para integrar las regiones y las naciones, dejando de lado diferencias políticas e ideológicas. Pero además la buena diplomacia del gobernante debe estar cargada de conocimientos de la realidad de estos países, no para declararles la guerra, sino para conocer los factores de oportunidad para hacer negocios y colocar productos sobre la base de acuerdos bilaterales o multilaterales. Para eso sirve la diplomacia del gobernante con liderazgo en el milenio que iniciamos. 

El Perú necesita presidentes regionales que tengan conocimiento de proyectos y de iniciativas económicas, financieras y comerciales, que sean verdaderos estrategas comerciales en los países que visitan, no estar perdiendo tiempo en cursos integrales que con competencias para los técnicos operativos de la gestión pública.

Los mandatarios tienen que salir presurosos de Palacio cada vez que puedan y recorrer países extranjeros, acompañados de sus equipos económicos, empresarios y exportadores para colocar más y nuevos productos. La agenda de los presidentes está concentrada casi en un cien por ciento para hablar de temas de integración comercial, alianzas estratégicas, líneas de crédito e inversiones y de vender por supuesto lo más importante: la imagen de la región y la marca país. 

La diplomacia tradicional deja de ser una herramienta que interesa sólo a unos pocos especialistas de un sector y se transforma en una herramienta para defender y promover el desarrollo integral del país, tal como son la política económica o las políticas sociales. La política exterior no se desarrolla puramente por razones de prestigio ni representa un fin en sí mismo. Ella se ejecuta para promover y defender los intereses del país en sus relaciones políticas y económicas con el resto del mundo.

Pasar el examen para ingresar a los mercados internacionales requiere comportamientos diferentes, como compatibilizar las ventajas comparativas y competitivas. Utilizar con eficiencia los costos operacionales, tecnológicos y el apalancamiento financiero para el mejoramiento continuo del proceso productivo. Experiencias de éxitos de la globalidad comercial tenemos en el Japón, Alemania, Taiwán, Hong Kong, Singapur y Chile. Otro aspecto a considerar, es que no todas las naciones, mantienen los mismos recursos y procesos. Algunas pueden tener grandes ventajas comparativas: territorios, ubicación estratégica, trabajadores, riqueza mineral y forestal; pero no son necesariamente países competitivos. Este es el caso de India, Rusia y Brasil. Otras naciones, como Japón, Singapur, y Suiza son altamente competitivas en su proceso productivo y comercial, sin tener los recursos de los primeros. De ahí la importancia de una estrategia de desarrollo determinado por la fuerzas internas y externas, orientada y fortalecida por un mejoramiento de la diplomacia de las relaciones internacionales que deben desarrollar los gobernantes regionales y nacionales. Hay que entender que una agresividad comercial externa, no requiere tener reglas fijas ni recetas; porque cada región, cada país y por tanto cada acuerdo bilateral o multinacional requiere una reingeniería comercial propia.

La política de negociación pasa más bien por elección de alternativas que busquen modelos de proximidad que beneficien mutuamente a las regiones y a los países, y no beneficios personales de caciques aprendices de gobernantes como Javier Alvarado.

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